martes, 15 de mayo de 2012
Los estudiantes en el Senado Universitario
viernes, 21 de octubre de 2011
Tecnocracia, Autoritarismo y Gremialismo
La comisión de “expertos” y el paradigma de la tecnocracia
La peor cara de la derecha: la represión y el autoritarismo
De todas las máximas que posee la concepción del Estado moderno, hay una que la derecha tiene muy clara y que jamás olvida: el Estado posee el monopolio del uso “legítimo” de la fuerza.
A tal grado ha llegado el fracaso político de la derecha para enfrentar este conflicto social, que su principal respuesta está siendo la represión. Durante los meses de movilizaciones, existen tantos antecedentes de uso indebido de la fuerza, de represión, de tortura por parte de Carabineros, que es ya evidente que dichos hechos no responden a decisiones aisladas de un carabinero o un cuartel. La represión en estas movilizaciones, han sido una decisión de Estado, donde la responsabilidad política del ministro del interior, Rodrigo Hinzpeter, está absolutamente comprometida.
El asesinato de Manuel Gutiérrez; el secuestro y detenciones ilegales de estudiantes; las acusaciones de tortura en Santiago, Valparaíso, Concepción, Temuco, Punta Arenas; el allanamiento de casas sin autorización judicial (a, por ejemplo, la alcaldesa de PAC); las irregularidades en los procedimientos de desalojo, son hechos que tiñen y caracterizan el actuar de Carabineros.
El Gobierno ha defendido la represión, solo se atrevieron a intervenir ante un asesinato flagrante, pero frente al resto de los gravísimos hechos ha cursado la impunidad. Incluso han cuestionado el criterio de los jueces por no acompañar su política de persecución y criminalización del movimiento.
Se hace sumamente necesario, que el movimiento social tome con mayor prioridad la disputa judicial, para denunciar el accionar del Gobierno y su política represiva. Esta disputa que debe ser llevada a tribunales tanto del plano nacional como internacional, será de largo aliento y servirá de antecedente de las otras luchas que dará la sociedad chilena. Puesto que hoy estamos hablando de la movilización por recuperar la educación pública. Pero luego vendrá la de recuperar la salud, la vivienda, los recursos naturales, la previsión y ante todas ellas el Gobierno puede reaccionar con el mismo nivel de violencia. Es ahora y no mañana cuando debemos iniciar el proceso de denunciar la violencia del Estado y exigir que se asuman las responsabilidades individuales.
Todo se tiñe de Gremialismo
¿Y ahora qué?
Desmenuzar la lógica con la que actúa el Gobierno nos debe servir para un objetivo: tener más herramientas con las cuáles podamos acercarnos a un triunfo. El profundo cambio cultural que ha experimentado la sociedad chilena debe servirnos de ante sala para lograr cambios radicales en la chilena: acabar con su mercantilización, fortalecer el sistema público, acabar con el lucro, impulsar la democratización de los planteles educativos.
Los movimientos sociales hemos dado pasos gigantes este año. Vuelve el pueblo de Chile a tener esperanza de lograr un triunfo y generar un cambio social.
Sin embargo, la derecha se ha vuelto un hueso duro de roer. A su ya tradicional poder económico y comunicacional se le suma el poder político y la represión que implica sentarse en el Gobierno. Características muy particulares complejizan y hacen muy cuesta arriba nuestro camino. Ante esto, mayor reflexión, mayor unidad y disposición de avanzar debemos demostrar.
El camino que nos llevará a recuperar la educación pública para Chile, es al parecer aun largo y lleno de obstáculos. Resguardar la masividad y continuar presionando al Gobierno se vuelve indispensable ante sus ofensivas tecnocráticas y autoritarias; generar aprendizaje fruto de la reflexión de lo que hasta ahora han sido nuestras movilizaciones este año se vuelve una obligación.
martes, 20 de septiembre de 2011
La educación y las actuales movilizaciones en Chile: ¿Hacia una reforma más profunda de la sociedad chilena?

La crisis de la educación chilena no surge de manera espontánea. Ya el 2006 los estudiantes secundarios dieron la alerta en la llamada revolución pingüina. La clase política no quiso escuchar y optó por dar una salida que implicaba una profundización del modelo mercantil educacional. Hoy, cinco años después, las movilizaciones vuelven a hacer latente la crisis y han pasado de cuestionar el sistema educacional al sistema democrático del país en su conjunto.
Para ayudar a la comprensión de lo que aquí sucede, quisiera hacer una breve descripción de los principales hitos sobre los cuales se ha erigido el sistema educacional chileno y como su transformación se ha convertido en un potencial detonador de transformaciones profundas de un país que hasta poco se vanagloriaba de considerarse el jaguar de América Latina.
Antecedentes del sistema educacional chileno
En 1981 se sientan las bases del sistema educacional chileno.
En el ámbito escolar la educación pública es traspasada desde el Estado a los municipios. El financiamiento fiscal se realiza mediante el sistema Vaucher, donde colegios tanto públicos y privados (en los cuales el lucro está permitido) reciben recursos públicos según la asistencia de los estudiantes.
A nivel universitario, el Estado deja de otorgar gratuidad a los estudiantes, dando inicio al sistema de crédito para financiar la educación superior. Además, el Estado abandona la formación técnica, disminuye considerablemente el presupuesto a sus Universidades y se permite la apertura de nuevas universidades que, pese a que tienen prohibido el fin de lucro, han encontrado mecanismos para hacer de la formación profesional un suculento negocio.
Existen más de 60 universidades. La mayoría solo imparten docencia, abandonando por completo la investigación y la extensión como labores del quehacer universitario. Para ejemplificar lo desregulado que es nuestro sistema, la normativa vigente hace más difícil poner una botillería que abrir una Universidad.
Todas estas profundas transformaciones se hicieron durante una de las dictaduras más sanguinarias de Latinoamérica, en esos grises años de nuestro continente.
El debate por la educación durante los Gobiernos de la Concertación
El retorno a la democracia trajo consigo altas expectativas que lamentablemente se vieron truncadas. Bajo la promesa de generar reformas sociales y democráticas en la medida de lo posible, se consolidó el modelo neo-liberal en base a una política de los acuerdos entre la gobernante Concertación y la Alianza por Chile pinochetista.
En los años 90’ el movimiento estudiantil privilegió movilizaciones al interior de las Universidades con el fin de democratizarlas. Estas generaron una participación activa de la comunidad universitaria, pero solo pudieron cuestionar aspectos al interior de las Universidades y no la relación de estas con el Estado.
En los años venideros adquieren fuerza las movilizaciones que exigían mayores beneficios para los estudiantes y el mejoramiento de las Universidades Públicas. Estas si bien lograron poner más de una vez en jaque a las administraciones concertacionistas, no tuvieron la capacidad de levantar demandas políticas más estructurales.
Fue el año 2006, cuando los estudiantes secundarios logran poner con mayor fuerza la grave crisis de una educación de mala calidad y altamente desigual. Los más de treinta años de desregulación aumentaron la cobertura del sistema, pero a costa de una alta segregación social. Los chilenos nos educamos en ghetos sociales: los ricos con los ricos y los sectores populares solo quedan con acceso a la educación más precarizada, con una nula integración social. La educación no solo no nos ayuda para combatir las desigualdades (Chile es uno de los países más desiguales del mundo) si no que las reproduce y acrecienta.
La llegada de Piñera y la ampliación en las correlaciones de fuerza
El retorno de la derecha al Gobierno acaba la excusa del quisiéramos avanzar más pero el sistema político no nos deja. En el primer año de la administración Piñera estuvimos conmocionados por el terremoto y maremoto del 27 de febrero, lo cual condicionó los debates públicos.
Este 2011, sin esa presión de por medio, el movimiento estudiantil pudo desplegar con fuerzas sus demandas, las cuales nacen fruto de años de discusiones y álgidos debates. Se sumó el Colegio de Profesores, la comunidad universitaria, los estudiantes secundarios. Todos ellos con sus propias agendas y reivindicaciones, orientadas a fortalecer la educación pública en desmedro de la mercantilización y el lucro.
Paulatinamente la opinión pública se inclina hacia nuestro favor cada vez con más fuerza y dejando en una posición de absoluto aislamiento al Gobierno. Hoy los estándares de desaprobación al Gobierno son los más altos desde el retorno a la democracia y han dejado consternada a una administración que no genera empatía con la ciudadanía.
¿Y ahora qué?
Si Chile fuera un país realmente democrático nuestras demandas estarían satisfechas, pues más de un 75% de la población las respalda. Se ha generado un cambio cultural en nuestro país. Se acabó un conformismo que nos caracterizó por muchos años. Los chilenos ven en la movilización estudiantil una oportunidad para levantar sus banderas, en contra de un sistema que se sustenta en base a una profunda desigualdad económica y social.
Demandas como plebiscitar las propuestas de los estudiantes, iniciar un proceso para una asamblea constituyente, financiar la educación mediante la nacionalización de nuestros recursos naturales empiezan a sentirse con fuerza en nuestra sociedad. Estos debates requieren una proyección más allá de la coyuntura de las movilizaciones y deben apostar a consensuar posturas mayoritarias.
Es un desafío enorme que va mucho más allá de las demandas educacionales, pero del cual tenemos que hacernos cargo y ponernos a disposición de refundar Chile: a despojarlo de todas las herencias pinochetistas que aún perduran y construir un país democrático, soberano y de justicia social.
martes, 30 de agosto de 2011
Que la proyección de nuestras movilizaciones sean la dignidad para Chile

Las actuales movilizaciones en Chile que han centrado sus demandas en la recuperación de la Educación Pública permitieron cuestionar aspectos estructurales de la sociedad chilena. Herencias pinochetistas que una transición pactada estuvo lejos de aspirar a derribar hoy empiezan a ser cuestionadas por el conjunto de la sociedad chilena. Lo que se inició como las protestas estudiantiles por mejoras en el sistema educativo, hoy permiten proyectar un proceso de acumulación de fuerza que se dirija a generar un nuevo acuerdo social, con base democrática y participativa, que se preocupe de acabar las enormes desigualdades presentes en nuestra sociedad.
Tuvieron que pasar más de 20 años desde el retorno de la democracia para que se desencadenara un proceso de movilización que pudiera ir más allá de demandas sectoriales y pasara a aspirar cambios estructurales de fondo. La Concertación de Partidos por la Democracia, que gobernó durante 20 años, no hizo retroceder las embestidas neo-liberales del pinochetismo, sino que las perpetuó, las profundizó y les dio un barniz democrático.
Por eso cuando hoy el pueblo chileno sale hoy a las calles gritando “y va a caer la educación de Pinochet” aflora la fuerte frustración que produce mantener vigentes normativas de la dictadura que de forma tan mañosa y bien pensada aparecen como cerrojos imposibles de vencer. La actual lucha por la educación pública, de ser exitosa, puede transformarse en la primera victoria que le propicia el pueblo de Chile al sistema económico social vigente basado en la desigualdad y exclusión social.
Las últimas jornadas de protesta han dado cuenta de la amplitud, masividad y radicalidad con las cuales el pueblo de Chile se ha manifestado. Vivimos momentos de gran algidez y confrontación social. Acusaciones de tortura policial a estudiantes que se manifiestan recorren el país y un Gobierno acorralado socialmente debe hacerse ahora cargo de la violencia empleada.
Estamos ad-portas de una reunión entre todos los actores sociales que han sido protagonistas de estas movilizaciones con el Presidente de la República. Claramente esta es una instancia que genera expectativas y que obliga al movimiento social a actuar de manera responsable. La exigencia de garantías ha sido clave para que dicho diálogo permita dar salidas al conflicto en dirección a recuperar la educación pública y no en profundizaciones al modelo neo-liberal con la existencia de la letra chica siempre presente en los proyectos de ley que nacen del actual ejecutivo.
Es en esta coyuntura que debemos empezar a delinear cuáles van a ser las estrategias a mediano y largo plazo que van a poder concretar una apertura democrática que en base a la participación conquiste un nuevo pacto social. La idea de un plebiscito y la demanda por una asamblea constituyentes implican herramientas fundamentales para proyectar la lucha que el movimiento por la educación ha desencadenado.
Fundamental resulta para dichos objetivos la reconstrucción del tejido social necesario para que como sociedad podamos conquistar una institucionalidad más democrática. Esto debe implicar un esfuerzo de todos los sectores movilizados en convocar a nuevas organizaciones sociales que han nacido al alero de esta lucha, así como también la coordinación y el trabajo con organizaciones ya existentes que requieren de un impulso para que asuman el desafío de un cambio social estructural acorde al cuestionamiento profundo que se le ha hecho a la institucionalidad democrática chilena vigente.
Resulta difícil de asimilar que luego de una lucha tan intensa contra la dictadura, en la que cayeron en las manos represoras del Estado hombres y mujeres de gran valor y convicción por la tarea de recuperar la dignidad de nuestro pueblo, haya tenido que pasar tantos años para que Chile nuevamente asuma una predisposición para hacer cambios profundos. Pues ahora estamos en la coyuntura para derribar la educación de Pinochet, pero siguen como vacas sagradas el sistema de salud, el de pensiones, la propiedad de los recursos naturales y de sistema político absolutamente vigentes y perpetuando una lógica de exclusión social.
Una hoja de ruta, un programa de cambios sociales, es la próxima tarea que debemos empezar a impulsar desde la base de la movilización social. Instancias como las asambleas ciudadanas que se esparcen por todas las regiones del país han demostrado que existe una inquietud por ampliar los niveles de organización. Es necesario que dicha inquietud supere los debates sobre la educación y proyecte las próximas luchas por democratizar Chile.
lunes, 8 de agosto de 2011
La derecha sacó las garras y el pueblo las cacerolas

Reprimir fuertemente las movilizaciones del 4 de agosto implicaba un alto costo político para el Gobierno que estuvieron de ante mano dispuestos a pagar.
Ser criticados por una represión violenta, tanto a nivel nacional como internacional, abría una debilidad pero permitía mostrar una fortaleza: el Gobierno (quizás no con los mejores métodos) estaba demostrando el principio de autoridad ante un movimiento radicalizado y debilitado; estaba imponiendo el orden, pues el movimiento ya iba a la baja y lo que la ciudadanía reclama es el fin del conflicto.
El llamado de las cacerolas que por redes sociales se convocó a las 21:00 empezó mucho antes a aguarle la fiesta al Gobierno.
La gran masividad de una forma de expresión de manifestación abandonada desde la dictadura le permitió al movimiento por la educación pública nuevamente salir vencedor luego de una de las jornadas más violentas que ha tenido Chile los últimos años. La derecha gobernante, sin capacidad de reacción seguía su pauta pre-definida no reparando en el ruido de las cacerolas. Zalaquett, por ejemplo, el jueves en la noche, defendía la represión argumentando que la tranquilidad era el deseo de la mayoría de los vecinos de Santiago y tras sus palabras se escuchaba el metálico sonido que caracterizó el fin de una jornada histórica.
¿Cómo proyectar la lucha luego de tan álgido día?
El escenario social del país se encuentra en un estado de gran complejidad que, claramente, no permite que ningún iluminado venga a dar cátedra de cuáles son los siguientes pasos a dar. Pero sí es preciso, como insumo a una necesaria discusión, hacer una reflexión con algunos elementos relevantes.
La derecha ya definió la vía de mayor represión y de imponer el principio de autoridad al precio que sea. Lo que viene a futuro no es chiste. Violencia, detenciones, seguimientos, amenazas continuarán con su espiral ascendente. Novoa ya lo señaló: Si se va a gobernar con ideas ajenas para obtener un 26% de apoyo, yo prefiero gobernar con nuestras ideas y quedarme con el 36%. Ante esto se hace sumamente necesario que el movimiento estudiantil se concentre en continuar en su lógica de convergencia con el mayor número de actores y de resguardar el apoyo ciudadano. La fisura, el estancamiento o la desaprobación, resultan fatales en el momento político que nos encontramos
Además, pese al grado de alta ingobernabilidad en que nos encontramos y, por tanto, de pérdida de credibilidad del Gobierno tanto al interior del país como internacionalmente, la derecha no ha querido dar concesiones estructurales en cuanto a reformas en la educación superior. Los intereses en dicho sector -tanto económicos como ideológicos- son de tan alta envergadura que se ha preferido el nivel de algidez al que hemos llegado antes que realizar cambios sistémicos orientados a fortalecer la educación pública en desmedro de la lógica mercantil. En este sentido, el Gobierno prefiere seguir inflando el conflicto hasta que explote antes que dar respuestas orientadas a descomprimirlo.
Aunque el actual movimiento trasciende con creces lo meramente educacional, existe ahí un foco que no podemos abandonar por las demandas mayores, las cuales evidentemente también tenemos que atender. Sin embargo, el salto cualitativo, del cual existe gran consenso que realizó este movimiento, no debe entenderse contrario a la necesidad de seguir buscando el giro que debe experimentar la forma en que se imparte la educación en Chile y la preocupación que debe tener en esto el movimiento estudiantil.
Producto de la necesidad de lograr nuestros objetivos y obtener ganadas concretas para este movimiento por la educación, se desprende la idea de un plebiscito, el cual es una herramienta que debe ser impulsada con fuerza por todos los actores de la educación, sobre todo apuntando a aquellos elementos en el cual el ejecutivo no estará dispuesto a dar concesiones. Pero esto no puede llevarnos a dejar solo en manos del plebiscito la salida del actual conflicto, pues este es solo un instrumento de expresión del sentir ciudadano y no una estrategia de recuperación de la educación pública o de solución de los macro objetivos levantados por el movimiento, a saber, los cambios estructurales en la forma en que se toman las decisiones en el país y en cómo se distribuye la riqueza aspirando a mayor igualdad. Estos son los aspectos de fondo que no pueden ser invisibilizados ni por el Gobierno (a través de un ordenamiento de los poderes fácticos que permita un aislamiento del movimiento y sus actores) ni por quienes ven en este conflicto la oportunidad de dar un salto en sus niveles de reconocimiento y adhesión, lo cual, por cierto, es absolutamente legítimo y saludable.
Asimismo, es importante tener en cuenta los procesos que se viven al interior de la Concertación. Nos guste o no nos guste son un actor relevante dentro del escenario político del país, por ende, es preciso contar con elementos de lo que pasa al interior de dicho conglomerado. Las tensiones son a todas luces evidentes, el plantón que le hicieron los presidentes de la Concertación a Piñera, además de ser un hito inédito en la historia de Chile, si bien permitió consolidar el aislamiento en el que se encuentra el Gobierno, generó mucho conflicto interno. Existen amplios sectores de este conglomerado deseosos de reeditar la política de los acuerdos y junto a ello conviven sectores disponibles para dar luchas democratizadoras e impulsar iniciativas para recuperar la educación pública. Si a esto le sumamos el oportunismo que ha caracterizado su accionar durante el conflicto, evidencia que es un actor que puede fluctuar y alterar las correlaciones de fuerza generadas. Cincuenta y dos Diputados, la mayoría concertacionistas, se plegaron al documento bases para un acuerdo social, hecho no menor, pero insuficiente en las correlaciones de fuerza que existen hoy en el Congreso y que se requieren para un triunfo del movimiento y sus demandas, lo cual nos indica que son un actor susceptible de presión y al cual no debemos obviar para impedir que en un golpe de timón nos den la espalda.
Por otra parte, estamos adportas de enfrentarnos a las que debieran ser una de las mayores jornadas de movilización y paralización productivas de los últimos años, bajo la convocatoria a Paro Nacional para el 24 y 25 de agosto hecha por la CUT y, a la cual, como estudiantes y movimiento no solo debemos adherir en lo testimonial, sino también debemos dotarla de contenido con nuestra lucha, tanto en los político, como en la expresión callejera de la misma, con grandes expresiones de creatividad y masividad.

