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martes, 15 de mayo de 2012

Los estudiantes en el Senado Universitario

Este año se realizarán elecciones de los representantes estudiantiles en el Senado Universitario. Luego de dos años en dicho cargo, quiero exponer una breve síntesis de lo que fue esta experiencia política y proponer algunas proyecciones que puedan servir de insumo para los estudiantes que se postularán a esta instancia triestamental de Gobierno Universitario.

Sin duda un elemento de gran relevancia fue la coincidencia de parte importante de este periodo con las históricas movilizaciones por la recuperación de la educación pública que irrumpieron en el país el año 2011. Es mérito del Senado haber tenido un posicionamiento político respecto al debate educacional acordando el documento Bases para una Propuesta de Institucionalidad del Sistema Universitario que fue expuesto al conjunto de la Universidad y contribuyó al debate triestamental en nuestra casa de estudio. A su vez, en más de una ocasión y con votaciones absolutamente favorables, el Senado Universitario adhirió y convocó a movilizarse al conjunto de la comunidad universitaria a las jornadas que llamó la CONFECh. Desde el nacimiento del Senado Universitario la Universidad de Chile cuenta con una instancia que es capaz de integrar los debates que realiza cada uno de los estamentos y de convocar al conjunto de la comunidad a posicionarse ante determinados debates.

Para alcanzar dicho posicionamiento el rol de los representantes estudiantiles en el Senado Universitario ha sido fundamental. Principalmente apostando a mantener una constante interacción entre los debates que acontecían en el seno del Senado Universitario con los que ocurrían en las instancias de discusión estudiantil. Para que la instancia del Senado sea útil para el posicionamiento de los planteamientos políticos estudiantiles hacia el conjunto de la universidad, es fundamental que los representantes de los estudiantes estén vinculados permanentemente con el quehacer y las discusiones que lleva a cabo la FECh.

Sin bien el Senado Universitario como herramienta de convergencia de las discusiones del conjunto de la comunidad, ha sido altamente significativa en momentos que las propuestas por mejorar la educación pública remecieron a la Universidad y al país, el Senado Universitario en cuanto instancia de Gobierno Universitario, así como también la democracia en el conjunto de la Universidad de Chile, tienen enormes falencias y desafíos pendientes. Avanzar en mayor democratización de nuestra casa de estudio sigue siendo una importante necesidad. En dicha tarea el Senado puede y debe jugar un rol crucial.

La primera falencia del Senado está relacionada con sus atribuciones. En su primera etapa el Senado Universitario estuvo concentrado en confeccionar los reglamentos generales de la Universidad que explícitamente salen mencionados en el estatuto. Sin embargo, actualmente el Senado Universitario mantiene una diferencia con rectoría que ha sido sometida a la consideración de la Contraloría General de la República para que emita una interpretación oficial. Esta diferencia radica en el artículo 25 del estatuto que indica que le corresponderá al Senado Universitario:

a) Aprobar, a proposición del Rector o por iniciativa de al menos un tercio de sus integrantes, los reglamentos referidos en el Estatuto institucional y sus modificaciones, toda norma de carácter general relativa a las políticas y planes de desarrollo de la Universidad y las propuestas de modificación al Estatuto que deban someterse al Presidente de la República para su trámite respectivo. Cuando se señala que corresponde al Senado toda norma de carácter general desde el Senado Universitario se interpreta que se tendría atribuciones para poder emitir distintos tipos de reglamentos frente a diversas materias (como por ejemplo, podría confeccionarse un reglamento general sobre mecanismos de acceso a la Universidad). Sin embargo, desde rectoría se pretende hacer letra muerta a     esta parte de ese inciso, dejando al Senado Universitario solo con la atribución de generar los reglamentos mencionados explícitamente en el estatuto. O sea, cuando se termine de generar estos reglamentos (explícitamente mencionados en el estatuto), no se podrían seguir generando nuevas normativas generales de la Universidad si es que prima la tesis planteada del Rector. Esta situación es sumamente delicada. Si la Contraloría se pronuncia a favor de la tesis de rectoría el Senado Universitario quedaría gravemente cercenado y se haría urgente replantearse y cuestionar con fuerza las instancias democráticas de la Universidad.



El Senado Universitario desde sus inicios ha tenido que batallar para poder ejercer las atribuciones que el estatuto le confiere. El proceso de empoderamiento del senado aun no finaliza y es fundamental que los nuevos representantes estudiantiles sigan siendo parte activa en la disputa para aumentar las atribuciones de esta instancia colegiada triestamental.

Sin embargo, no basta con que el Senado Universitario logre ejercer todas las atribuciones que le competen según el actual estatuto de la Universidad. El proceso de democratización de la Universidad de Chile no ha sido óptimo y aun persisten lógicas autoritarias y falta de empoderamiento de los distintos estamentos. Prueba de ello es que recientemente una universidad privada pos 81, realizó una votación triestamental para la elección de sus autoridades, cosa que no logró el proceso de democratización de la Universidad de Chile.

Desde mi experiencia de haber participado en esta instancia de Gobierno Universitario y, a su vez, recogiendo demandas históricas del movimiento estudiantil, consideró fundamental impulsar un proceso de democratización que considere al menos los siguientes elementos:

·    Separación efectiva de los poderes de la Universidad. El Rector no puede ser a su vez Presidente del Senado Universitario.
·       Aumento del número de estudiantes y funcionarios en el Senado Universitario, recuperando los porcentajes conquistados por la reforma.
·       Incorporación como atribución del Senado Universitario la ratificación de modificaciones a la estructura universitaria al interior de las facultades e institutos. Esto permitiría el pronunciamiento de una instancia triestamental en los procesos de restructuración.
·       Votación triestamental universal y en base a los porcentajes históricos de la reforma, para la elección de autoridades unipersonales de la Universidad como lo son el Rector y los decanos.
·   Participación con derecho a voz y voto de estudiantes y funcionarios en las instancias colegiadas ejecutivas de la Universidad como el Consejo Universitario y los consejos de facultad.
·  Generar mecanismos de control y fiscalización que permitan hacer vinculantes las modificaciones y generación de reglamentos que realiza el Senado Universitario con el funcionamiento cotidiano de la Universidad.
·       Reforma estructural al acceso de la Universidad que diversifique los mecanismos de ingreso y se ponga metas en relación a la heterogeneidad socioeconómica de los estudiantes que ingresan a la Universidad de Chile
·     Modificar y generar mecanismos de mayor transparencia en el proceso de carrera académica.

Muchas de estas demandas requieren transformaciones del estatuto. Lo cual implica un pronunciamiento del parlamento y el ejecutivo de la República al requerir cambios de ley (el Estatuto de la Universidad es una ley de la República). Esto no puede ser para nada un impedimento para impulsar transformaciones democratizadoras al interior de la Universidad de Chile. Todo lo contrario. Debemos reiniciar un proceso de democratización en la Universidad de Chile que impacte en todo el sistema educativo. Y para esto, el Senado Universitario es una instancia que nos permite dar este debate, pues existen amplios sectores dentro de esta instancia que tienen una mirada crítica sobre los actuales niveles de democracia al interior de la Universidad. Solo será mediante una fuerza triestamental la que tenga la suficiente fuerza para instalar e impulsar este debate, y por tanto se deben poner los ladrillos encima de lo ya construido y avanzado.

           La mirada nacional debe avanzar en conjunto con la mirada al interior de nuestra casa de estudio. Si los estudiantes de Chile tuvimos la capacidad de construir una mayoría que cuestionó los pilares estructurales del sistema educativo nacional, también tendremos la capacidad de construir mayorías al interior de nuestra casa de estudio, que permitan avanzar hacia una Universidad de Chile más pública y democrática.

viernes, 21 de octubre de 2011

Tecnocracia, Autoritarismo y Gremialismo


¿Qué tienen en común la creación de una comisión de expertos para elaborar las políticas públicas de educación, la fuerte represión con la que ha actuado el Gobierno para enfrentar la movilización social y la desidia constante de los líderes de la derecha hacía los actores movilizados, especialmente sus rostros visibles?

Todas ellas son expresiones del fuerte contenido ideológico con que el Gobierno asume las actuales movilizaciones.

Los “pragmáticos” de la derecha al parecer han fracaso. Chile vive actualmente una beligerencia social, material y simbólica, de parte de una multiplicidad de actores y el Gobierno se esmera en seguir defendiendo, resguardando e incluso profundizando, la visión neo-liberal de cómo concebir la educación y la enseñanza al interior de nuestra sociedad.

El Gobierno ha diseñado una estrategia de resistencia que, al parecer, combina de buena forma la tecnocracia, la violencia y la ideología gremialista.


La comisión de “expertos” y el paradigma de la tecnocracia

Uno de los mitos fundacionales de la hegemonía neo-liberal fue la idea del fin de la historia. Según ella, la mercantilización de los derechos sociales debía estar acompañada de un fin de lo político, de un fin de la discusión al interior de las sociedades sobre cómo administrar los bienes sociales. Todo ahora debe estar en manos del mercado –imparcial y auto regulado- y, por tanto, son debates técnicos y por ningún motivo políticos, los que lograrían solucionar los problemas sociales.

Pese a que Chile aun sigue siendo el paradigma y el bastión neo-liberal por excelencia, en nuestro continente hace ya bastantes años se inició un proceso (a distintos ritmos) de abandonó de las políticas neo-liberales. En su reemplazo, se avanza en lógicas progresistas orientadas a garantizar los derechos sociales, a recuperar la soberanía del pueblo sobre los recursos naturales y conteniendo una profunda desconfianza a que el mercado podrá por sí solo, garantizar equidad, bienestar social, crecimiento y desarrollo.

Ya no cabe duda que no hubo nada más falso que el fin de la historia (su propio autor declinó de su tesis). Los debates al interior de las sociedades continúan siendo políticos. Lo técnico no es más que una derivación secundaria, que debe ser posterior al momento de tomar los acuerdos políticos.

Que el Gobierno de Chile convoque a un comité de “expertos” para que desde ahí emerjan las propuestas de políticas públicas sobre educación, no es más que una demostración que la derecha gobernante no permite que desde la organización de la sociedad civil puedan surgir disensos políticos. Ellos quieren GOBERNAR por sí solos, y exclusivamente bajo su mirada ideológica, permitiendo que se exprese la opinión pública solo de un modo consultivo. Ellos desean que la soberanía no descansé en la ciudadanía sino que tan solo en los pasillos de palacio.

Dichos “expertos” no son más que técnicos del neoliberalismo que vienen a limpiar una decisión política previamente definida, está es: no transar con las organizaciones sociales. Generarán una propuesta “técnica” a imagen y semejanza de la ideología de quienes hoy gobiernan el país, despojándose de su autonomía como intelectuales. ¿Cree el Gobierno acaso que tras las propuestas estudiantiles no existen propuestas sobre cómo aplicarlas técnicamente y técnicos que las respalde? , ¿o cree acaso, que la capacidad de elaborar políticas públicas la poseen solamente ellos? Esto no es así, y claramente acá la derecha chocará con una pared, pues la ciudadanía se dará cuenta de tan baja maniobra y dicho comité de “expertos” no tendrán ninguna legitimidad para hacer cursar sus propuestas.

La peor cara de la derecha: la represión y el autoritarismo

De todas las máximas que posee la concepción del Estado moderno, hay una que la derecha tiene muy clara y que jamás olvida: el Estado posee el monopolio del uso “legítimo” de la fuerza.

A tal grado ha llegado el fracaso político de la derecha para enfrentar este conflicto social, que su principal respuesta está siendo la represión. Durante los meses de movilizaciones, existen tantos antecedentes de uso indebido de la fuerza, de represión, de tortura por parte de Carabineros, que es ya evidente que dichos hechos no responden a decisiones aisladas de un carabinero o un cuartel. La represión en estas movilizaciones, han sido una decisión de Estado, donde la responsabilidad política del ministro del interior, Rodrigo Hinzpeter, está absolutamente comprometida.

El asesinato de Manuel Gutiérrez; el secuestro y detenciones ilegales de estudiantes; las acusaciones de tortura en Santiago, Valparaíso, Concepción, Temuco, Punta Arenas; el allanamiento de casas sin autorización judicial (a, por ejemplo, la alcaldesa de PAC); las irregularidades en los procedimientos de desalojo, son hechos que tiñen y caracterizan el actuar de Carabineros.

El Gobierno ha defendido la represión, solo se atrevieron a intervenir ante un asesinato flagrante, pero frente al resto de los gravísimos hechos ha cursado la impunidad. Incluso han cuestionado el criterio de los jueces por no acompañar su política de persecución y criminalización del movimiento.

Se hace sumamente necesario, que el movimiento social tome con mayor prioridad la disputa judicial, para denunciar el accionar del Gobierno y su política represiva. Esta disputa que debe ser llevada a tribunales tanto del plano nacional como internacional, será de largo aliento y servirá de antecedente de las otras luchas que dará la sociedad chilena. Puesto que hoy estamos hablando de la movilización por recuperar la educación pública. Pero luego vendrá la de recuperar la salud, la vivienda, los recursos naturales, la previsión y ante todas ellas el Gobierno puede reaccionar con el mismo nivel de violencia. Es ahora y no mañana cuando debemos iniciar el proceso de denunciar la violencia del Estado y exigir que se asuman las responsabilidades individuales.

Todo se tiñe de Gremialismo

El ministro del Interior, Rodrigo Hinzpeter, aseguró que la presidenta de la FECH y vocera de la Confech, Camila Vallejo,  “ha actuado bastante más como una líder político que como una líder estudiantil”.
A ello el secretario de Estado agregó que ha visto a Vallejo  en marchas “que no tienen nada que ver con el mundo estudiantil, en marcha de la salud, por ejemplo".
En opinión del jefe de gabinete, "cuando uno es dirigente de los estudiantes, tiene que ser 100 por ciento, 24 horas al día dirigente de los estudiantes", reprodujo radio Cooperativa.
Para Hinzpeter, si Camila Vallejo “quiere optar  por la política, hay que ser honesto con los estudiantes y decirles: 'yo no tengo el tiempo ni la disposición para estar 100 por ciento dedicado a las demandas estudiantiles, porque me quiero dedicar a la política'". (f: terra)
El Gobierno no solo busca imponer su agenda ideológica a ultranza y sin diálogo democrático. Junto con ello, pretenden imponer su visión de lo sociedad al conjunto de la ciudadanía.
La división entre dirigencia estudiantil y dirigencia política, responde a la idea gremialista de la independencia que deben poseer los grupos intermedios de la sociedad respecto a los debates políticos. Los jóvenes gremiales –futuros militantes de la UDI- presentan sus listas a las federaciones, vanagloriándose de su independencia, que no utilizarán sus cargos de representación para fines políticos y en los pocos casos de éxito, desvían la atención de las discusiones nacionales impidiendo que los estudiantes puedan ser actores incidentes del acontecer nacional.
Algo que caracteriza los momentos de consolidación de un descontento social y un deseo de cambio en los sectores mayoritarios, es el abandono de las ideas reaccionarias y el reemplazo por ideas que sirvan para impulsar los cambios sociales.
La lucha por el cambio al sistema de educación, es una arista de un conflicto social mucho más agudo que dice relación con la desigualdad y la vergonzosa concentración de la riqueza en el país. El movimiento por el fortalecimiento de la educación pública jamás habría llegado a los niveles de respaldo y masividad si no hubiera ido de la mano con un cambio cultural en la sociedad chilena que se expresa en una toma de conciencia de los constantes abusos que se viven a diario por el hecho de una vivir en una de las sociedades más desiguales del mundo.
El movimiento ha sido transversal, amplio e integrador y el Gobierno no ha hecho otra cosa que acusarlo de sobre ideologizado. Sin reparar en el hecho que las propuestas estudiantiles siguen gozando de más de un 80% de aprobación.   

¿Y ahora qué?

Desmenuzar la lógica con la que actúa el Gobierno nos debe servir para un objetivo: tener más herramientas con las cuáles podamos acercarnos a un triunfo. El profundo cambio cultural que ha experimentado la sociedad chilena debe servirnos de ante sala para lograr cambios radicales en la chilena: acabar con su mercantilización, fortalecer el sistema público, acabar con el lucro, impulsar la democratización de los planteles educativos.

Los movimientos sociales hemos dado pasos gigantes este año. Vuelve el pueblo de Chile a tener esperanza de lograr un triunfo y generar un cambio social.

Sin embargo, la derecha se ha vuelto un hueso duro de roer. A su ya tradicional poder económico y comunicacional se le suma el poder político y la represión que implica sentarse en el Gobierno. Características muy particulares complejizan y hacen muy cuesta arriba nuestro camino. Ante esto, mayor reflexión, mayor unidad y disposición de avanzar debemos demostrar.

El camino que nos llevará a recuperar la educación pública para Chile, es al parecer aun largo y lleno de obstáculos. Resguardar la masividad y continuar presionando al Gobierno se vuelve indispensable ante sus ofensivas tecnocráticas y autoritarias; generar aprendizaje fruto de la reflexión de lo que hasta ahora han sido nuestras movilizaciones este año se vuelve una obligación.

martes, 20 de septiembre de 2011

La educación y las actuales movilizaciones en Chile: ¿Hacia una reforma más profunda de la sociedad chilena?

Hace unos días atrás me contactaron desde Bélgica consultándome si les podías enviar un artículo en el cual intentara dar cuenta de antecedentes y proyecciones de nuestras movilizaciones, para una revista estudiantil. Accedí con gusto y me puse a trabajar en ella. Agradezco a Rebeca quien me ayudó a traducirla al inglés. Quiero dejarles la versión en español de dicho texto.

La crisis de la educación chilena no surge de manera espontánea. Ya el 2006 los estudiantes secundarios dieron la alerta en la llamada revolución pingüina. La clase política no quiso escuchar y optó por dar una salida que implicaba una profundización del modelo mercantil educacional. Hoy, cinco años después, las movilizaciones vuelven a hacer latente la crisis y han pasado de cuestionar el sistema educacional al sistema democrático del país en su conjunto.

Para ayudar a la comprensión de lo que aquí sucede, quisiera hacer una breve descripción de los principales hitos sobre los cuales se ha erigido el sistema educacional chileno y como su transformación se ha convertido en un potencial detonador de transformaciones profundas de un país que hasta poco se vanagloriaba de considerarse el jaguar de América Latina.

Antecedentes del sistema educacional chileno

En 1981 se sientan las bases del sistema educacional chileno.

En el ámbito escolar la educación pública es traspasada desde el Estado a los municipios. El financiamiento fiscal se realiza mediante el sistema Vaucher, donde colegios tanto públicos y privados (en los cuales el lucro está permitido) reciben recursos públicos según la asistencia de los estudiantes.

A nivel universitario, el Estado deja de otorgar gratuidad a los estudiantes, dando inicio al sistema de crédito para financiar la educación superior. Además, el Estado abandona la formación técnica, disminuye considerablemente el presupuesto a sus Universidades y se permite la apertura de nuevas universidades que, pese a que tienen prohibido el fin de lucro, han encontrado mecanismos para hacer de la formación profesional un suculento negocio.

Existen más de 60 universidades. La mayoría solo imparten docencia, abandonando por completo la investigación y la extensión como labores del quehacer universitario. Para ejemplificar lo desregulado que es nuestro sistema, la normativa vigente hace más difícil poner una botillería que abrir una Universidad.

Todas estas profundas transformaciones se hicieron durante una de las dictaduras más sanguinarias de Latinoamérica, en esos grises años de nuestro continente.

El debate por la educación durante los Gobiernos de la Concertación

El retorno a la democracia trajo consigo altas expectativas que lamentablemente se vieron truncadas. Bajo la promesa de generar reformas sociales y democráticas en la medida de lo posible, se consolidó el modelo neo-liberal en base a una política de los acuerdos entre la gobernante Concertación y la Alianza por Chile pinochetista.

En los años 90’ el movimiento estudiantil privilegió movilizaciones al interior de las Universidades con el fin de democratizarlas. Estas generaron una participación activa de la comunidad universitaria, pero solo pudieron cuestionar aspectos al interior de las Universidades y no la relación de estas con el Estado.

En los años venideros adquieren fuerza las movilizaciones que exigían mayores beneficios para los estudiantes y el mejoramiento de las Universidades Públicas. Estas si bien lograron poner más de una vez en jaque a las administraciones concertacionistas, no tuvieron la capacidad de levantar demandas políticas más estructurales.

Fue el año 2006, cuando los estudiantes secundarios logran poner con mayor fuerza la grave crisis de una educación de mala calidad y altamente desigual. Los más de treinta años de desregulación aumentaron la cobertura del sistema, pero a costa de una alta segregación social. Los chilenos nos educamos en ghetos sociales: los ricos con los ricos y los sectores populares solo quedan con acceso a la educación más precarizada, con una nula integración social. La educación no solo no nos ayuda para combatir las desigualdades (Chile es uno de los países más desiguales del mundo) si no que las reproduce y acrecienta.

La llegada de Piñera y la ampliación en las correlaciones de fuerza

El retorno de la derecha al Gobierno acaba la excusa del quisiéramos avanzar más pero el sistema político no nos deja. En el primer año de la administración Piñera estuvimos conmocionados por el terremoto y maremoto del 27 de febrero, lo cual condicionó los debates públicos.

Este 2011, sin esa presión de por medio, el movimiento estudiantil pudo desplegar con fuerzas sus demandas, las cuales nacen fruto de años de discusiones y álgidos debates. Se sumó el Colegio de Profesores, la comunidad universitaria, los estudiantes secundarios. Todos ellos con sus propias agendas y reivindicaciones, orientadas a fortalecer la educación pública en desmedro de la mercantilización y el lucro.

Paulatinamente la opinión pública se inclina hacia nuestro favor cada vez con más fuerza y dejando en una posición de absoluto aislamiento al Gobierno. Hoy los estándares de desaprobación al Gobierno son los más altos desde el retorno a la democracia y han dejado consternada a una administración que no genera empatía con la ciudadanía.

¿Y ahora qué?

Si Chile fuera un país realmente democrático nuestras demandas estarían satisfechas, pues más de un 75% de la población las respalda. Se ha generado un cambio cultural en nuestro país. Se acabó un conformismo que nos caracterizó por muchos años. Los chilenos ven en la movilización estudiantil una oportunidad para levantar sus banderas, en contra de un sistema que se sustenta en base a una profunda desigualdad económica y social.

Demandas como plebiscitar las propuestas de los estudiantes, iniciar un proceso para una asamblea constituyente, financiar la educación mediante la nacionalización de nuestros recursos naturales empiezan a sentirse con fuerza en nuestra sociedad. Estos debates requieren una proyección más allá de la coyuntura de las movilizaciones y deben apostar a consensuar posturas mayoritarias.

Es un desafío enorme que va mucho más allá de las demandas educacionales, pero del cual tenemos que hacernos cargo y ponernos a disposición de refundar Chile: a despojarlo de todas las herencias pinochetistas que aún perduran y construir un país democrático, soberano y de justicia social.

martes, 30 de agosto de 2011

Que la proyección de nuestras movilizaciones sean la dignidad para Chile

Las actuales movilizaciones en Chile que han centrado sus demandas en la recuperación de la Educación Pública permitieron cuestionar aspectos estructurales de la sociedad chilena. Herencias pinochetistas que una transición pactada estuvo lejos de aspirar a derribar hoy empiezan a ser cuestionadas por el conjunto de la sociedad chilena. Lo que se inició como las protestas estudiantiles por mejoras en el sistema educativo, hoy permiten proyectar un proceso de acumulación de fuerza que se dirija a generar un nuevo acuerdo social, con base democrática y participativa, que se preocupe de acabar las enormes desigualdades presentes en nuestra sociedad.

Tuvieron que pasar más de 20 años desde el retorno de la democracia para que se desencadenara un proceso de movilización que pudiera ir más allá de demandas sectoriales y pasara a aspirar cambios estructurales de fondo. La Concertación de Partidos por la Democracia, que gobernó durante 20 años, no hizo retroceder las embestidas neo-liberales del pinochetismo, sino que las perpetuó, las profundizó y les dio un barniz democrático.

Por eso cuando hoy el pueblo chileno sale hoy a las calles gritando “y va a caer la educación de Pinochet” aflora la fuerte frustración que produce mantener vigentes normativas de la dictadura que de forma tan mañosa y bien pensada aparecen como cerrojos imposibles de vencer. La actual lucha por la educación pública, de ser exitosa, puede transformarse en la primera victoria que le propicia el pueblo de Chile al sistema económico social vigente basado en la desigualdad y exclusión social.

Las últimas jornadas de protesta han dado cuenta de la amplitud, masividad y radicalidad con las cuales el pueblo de Chile se ha manifestado. Vivimos momentos de gran algidez y confrontación social. Acusaciones de tortura policial a estudiantes que se manifiestan recorren el país y un Gobierno acorralado socialmente debe hacerse ahora cargo de la violencia empleada.

Estamos ad-portas de una reunión entre todos los actores sociales que han sido protagonistas de estas movilizaciones con el Presidente de la República. Claramente esta es una instancia que genera expectativas y que obliga al movimiento social a actuar de manera responsable. La exigencia de garantías ha sido clave para que dicho diálogo permita dar salidas al conflicto en dirección a recuperar la educación pública y no en profundizaciones al modelo neo-liberal con la existencia de la letra chica siempre presente en los proyectos de ley que nacen del actual ejecutivo.

Es en esta coyuntura que debemos empezar a delinear cuáles van a ser las estrategias a mediano y largo plazo que van a poder concretar una apertura democrática que en base a la participación conquiste un nuevo pacto social. La idea de un plebiscito y la demanda por una asamblea constituyentes implican herramientas fundamentales para proyectar la lucha que el movimiento por la educación ha desencadenado.

Fundamental resulta para dichos objetivos la reconstrucción del tejido social necesario para que como sociedad podamos conquistar una institucionalidad más democrática. Esto debe implicar un esfuerzo de todos los sectores movilizados en convocar a nuevas organizaciones sociales que han nacido al alero de esta lucha, así como también la coordinación y el trabajo con organizaciones ya existentes que requieren de un impulso para que asuman el desafío de un cambio social estructural acorde al cuestionamiento profundo que se le ha hecho a la institucionalidad democrática chilena vigente.

Resulta difícil de asimilar que luego de una lucha tan intensa contra la dictadura, en la que cayeron en las manos represoras del Estado hombres y mujeres de gran valor y convicción por la tarea de recuperar la dignidad de nuestro pueblo, haya tenido que pasar tantos años para que Chile nuevamente asuma una predisposición para hacer cambios profundos. Pues ahora estamos en la coyuntura para derribar la educación de Pinochet, pero siguen como vacas sagradas el sistema de salud, el de pensiones, la propiedad de los recursos naturales y de sistema político absolutamente vigentes y perpetuando una lógica de exclusión social.

Una hoja de ruta, un programa de cambios sociales, es la próxima tarea que debemos empezar a impulsar desde la base de la movilización social. Instancias como las asambleas ciudadanas que se esparcen por todas las regiones del país han demostrado que existe una inquietud por ampliar los niveles de organización. Es necesario que dicha inquietud supere los debates sobre la educación y proyecte las próximas luchas por democratizar Chile.

Chile se puso ya una vez los pantalones grandes, logremos todos que este despertar reconquiste la dignidad de Chile, la igualdad, la justicia social y una real democracia participativa.

lunes, 8 de agosto de 2011

La derecha sacó las garras y el pueblo las cacerolas

Reprimir fuertemente las movilizaciones del 4 de agosto implicaba un alto costo político para el Gobierno que estuvieron de ante mano dispuestos a pagar.

Ser criticados por una represión violenta, tanto a nivel nacional como internacional, abría una debilidad pero permitía mostrar una fortaleza: el Gobierno (quizás no con los mejores métodos) estaba demostrando el principio de autoridad ante un movimiento radicalizado y debilitado; estaba imponiendo el orden, pues el movimiento ya iba a la baja y lo que la ciudadanía reclama es el fin del conflicto.

El llamado de las cacerolas que por redes sociales se convocó a las 21:00 empezó mucho antes a aguarle la fiesta al Gobierno.

La gran masividad de una forma de expresión de manifestación abandonada desde la dictadura le permitió al movimiento por la educación pública nuevamente salir vencedor luego de una de las jornadas más violentas que ha tenido Chile los últimos años. La derecha gobernante, sin capacidad de reacción seguía su pauta pre-definida no reparando en el ruido de las cacerolas. Zalaquett, por ejemplo, el jueves en la noche, defendía la represión argumentando que la tranquilidad era el deseo de la mayoría de los vecinos de Santiago y tras sus palabras se escuchaba el metálico sonido que caracterizó el fin de una jornada histórica.

¿Cómo proyectar la lucha luego de tan álgido día?

El escenario social del país se encuentra en un estado de gran complejidad que, claramente, no permite que ningún iluminado venga a dar cátedra de cuáles son los siguientes pasos a dar. Pero sí es preciso, como insumo a una necesaria discusión, hacer una reflexión con algunos elementos relevantes.

La derecha ya definió la vía de mayor represión y de imponer el principio de autoridad al precio que sea. Lo que viene a futuro no es chiste. Violencia, detenciones, seguimientos, amenazas continuarán con su espiral ascendente. Novoa ya lo señaló: Si se va a gobernar con ideas ajenas para obtener un 26% de apoyo, yo prefiero gobernar con nuestras ideas y quedarme con el 36%. Ante esto se hace sumamente necesario que el movimiento estudiantil se concentre en continuar en su lógica de convergencia con el mayor número de actores y de resguardar el apoyo ciudadano. La fisura, el estancamiento o la desaprobación, resultan fatales en el momento político que nos encontramos

Además, pese al grado de alta ingobernabilidad en que nos encontramos y, por tanto, de pérdida de credibilidad del Gobierno tanto al interior del país como internacionalmente, la derecha no ha querido dar concesiones estructurales en cuanto a reformas en la educación superior. Los intereses en dicho sector -tanto económicos como ideológicos- son de tan alta envergadura que se ha preferido el nivel de algidez al que hemos llegado antes que realizar cambios sistémicos orientados a fortalecer la educación pública en desmedro de la lógica mercantil. En este sentido, el Gobierno prefiere seguir inflando el conflicto hasta que explote antes que dar respuestas orientadas a descomprimirlo.

Aunque el actual movimiento trasciende con creces lo meramente educacional, existe ahí un foco que no podemos abandonar por las demandas mayores, las cuales evidentemente también tenemos que atender. Sin embargo, el salto cualitativo, del cual existe gran consenso que realizó este movimiento, no debe entenderse contrario a la necesidad de seguir buscando el giro que debe experimentar la forma en que se imparte la educación en Chile y la preocupación que debe tener en esto el movimiento estudiantil.

Producto de la necesidad de lograr nuestros objetivos y obtener ganadas concretas para este movimiento por la educación, se desprende la idea de un plebiscito, el cual es una herramienta que debe ser impulsada con fuerza por todos los actores de la educación, sobre todo apuntando a aquellos elementos en el cual el ejecutivo no estará dispuesto a dar concesiones. Pero esto no puede llevarnos a dejar solo en manos del plebiscito la salida del actual conflicto, pues este es solo un instrumento de expresión del sentir ciudadano y no una estrategia de recuperación de la educación pública o de solución de los macro objetivos levantados por el movimiento, a saber, los cambios estructurales en la forma en que se toman las decisiones en el país y en cómo se distribuye la riqueza aspirando a mayor igualdad. Estos son los aspectos de fondo que no pueden ser invisibilizados ni por el Gobierno (a través de un ordenamiento de los poderes fácticos que permita un aislamiento del movimiento y sus actores) ni por quienes ven en este conflicto la oportunidad de dar un salto en sus niveles de reconocimiento y adhesión, lo cual, por cierto, es absolutamente legítimo y saludable.

Asimismo, es importante tener en cuenta los procesos que se viven al interior de la Concertación. Nos guste o no nos guste son un actor relevante dentro del escenario político del país, por ende, es preciso contar con elementos de lo que pasa al interior de dicho conglomerado. Las tensiones son a todas luces evidentes, el plantón que le hicieron los presidentes de la Concertación a Piñera, además de ser un hito inédito en la historia de Chile, si bien permitió consolidar el aislamiento en el que se encuentra el Gobierno, generó mucho conflicto interno. Existen amplios sectores de este conglomerado deseosos de reeditar la política de los acuerdos y junto a ello conviven sectores disponibles para dar luchas democratizadoras e impulsar iniciativas para recuperar la educación pública. Si a esto le sumamos el oportunismo que ha caracterizado su accionar durante el conflicto, evidencia que es un actor que puede fluctuar y alterar las correlaciones de fuerza generadas. Cincuenta y dos Diputados, la mayoría concertacionistas, se plegaron al documento bases para un acuerdo social, hecho no menor, pero insuficiente en las correlaciones de fuerza que existen hoy en el Congreso y que se requieren para un triunfo del movimiento y sus demandas, lo cual nos indica que son un actor susceptible de presión y al cual no debemos obviar para impedir que en un golpe de timón nos den la espalda.

Por otra parte, estamos adportas de enfrentarnos a las que debieran ser una de las mayores jornadas de movilización y paralización productivas de los últimos años, bajo la convocatoria a Paro Nacional para el 24 y 25 de agosto hecha por la CUT y, a la cual, como estudiantes y movimiento no solo debemos adherir en lo testimonial, sino también debemos dotarla de contenido con nuestra lucha, tanto en los político, como en la expresión callejera de la misma, con grandes expresiones de creatividad y masividad.

Es evidente que el escenario político posee una complejidad no menor. Creo que estos son algunos de los elementos más relevantes a considerar para proyectar la lucha que estamos librando. La convicción ha caracterizado nuestro accionar el cual nos ha permitido llevar este movimiento a una coyuntura inimaginable. Sigamos avanzando en unidad, con masividad y en un permanente estado de alerta y discusión.