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jueves, 6 de enero de 2011

La beca de María Jesús Lavín

El ministro de Educación ha anunciado que debido a la controversia que se generó producto de la Beca obtenida por su hija, decidió pagar de su bolsillo la educación superior de su hija. La única excepción va a ser porqué es mi hija, afirmó el ministro. Todo el resto de los beneficiados -cualquier estudiante que obteniendo por sobre 600 puntos decida estudiar pedagogía en cualquier universidad acreditada- van a recibir su beca vocación de profesor, que ha sido caracterizada, junto con los famosos semáforos, como uno de los proyectos emblemáticos de la nueva política de educación del Gobierno de derecha.

El señor Lavín ha insistido que la beca es independiente de la clase socioeconómica, basta con obtener 600 puntos, su hija es la única excepción. Sin embargo, ¿Obtener más de 600 puntos en la PSU es independiente de la clase socioeconómica?

El hecho que la hija del señor Lavín reciba una beca de Estado, no nos debe espantar porque sea la hija del ministro, la única excepción. Junto con ella, muchos hijos de empresarios se verán beneficiados por este beneficio financiado con recursos fiscales, es decir con recursos de todos los chilenos. Acá el cuestionamiento debe pensarse sobre el diseño de una política pública que no es capaz de identificar los sectores sociales vulnerables a los cuales el Estado debiera concentrar su inversión.

¿Es un error del Gobierno haber generado una beca que tiene el evidente sesgo de beneficiar a sectores acomodados? Claramente no. Este es el tipo de iniciativa que tenemos que esperar de una coalición política con una matriz ideológica que asume como éticamente neutro las desigualdades sociales producidas por un sistema económico que se sustenta en la acumulación de capital en un sector social determinado y privilegiado: los empresarios.

Que este sea el Gobierno de los empresarios, no es solamente por el hecho de que quien lo preside es uno de los burgueses más acaudalados de nuestro país. Lo es principalmente debido a la razón que la matriz ideológica que sustenta su elaboración de política pública supone como algo sano y natural que la dirección económica de la sociedad recaiga en manos de los sectores acaudalados; como algo impropio y dañino la intervención social del Estado orientada a resolver desigualdades; como algo deseable maximizar las libertades y condiciones que permitan a los integrantes de la sociedad competir y no cooperar.

En suma, la molestia profunda que me genera el hecho que María Jesús Lavín se haya hecho merecedora de una Beca de Estado, surge de que el diseño de este beneficio da cuenta de una absoluta hegemonía ideológica por parte de quienes mantienen y profundizan un modelo hecho a su imagen y semejanza. El peor error que pudiéramos cometer en estos momentos es subestimar la capacidad política, ideológica y estratégica de quienes detentan el control del Estado. En el año de gobierno que llevan han demostrado una poderosa capacidad de hacer cursar su agenda, la cual, sin ningún tipo de apuro hacen avanzar ante una oposición confundida y atolondrada.

Se hace sumamente necesario instalar con fuerza en nuestros debates los aspectos ideológicos de las iniciativas que está desarrollando el Gobierno, no con un fin de discusión testimonial, sino con un fin analítico que nos permita un despliegue poderoso, que se proponga demostrar a los amplios sectores del país lo dañino que es para sus intereses el hecho que la derecha sea Gobierno en nuestro país.